miércoles, 30 de octubre de 2019

"La leyenda del trigo"





Cuenta la leyenda que la Luna, juguetona y traviesa, se había reído del sol, en sus propias barbas de fuego; y que el sol, viejo gruñón, le quitó en castigo, la luz con la que se bañaba, entre nubes rosicleres, todas las mañanas; se cubría de encajes violáceos por la tarde y se presumía, entre las estrellas, todas las noches.

Siglos de siglos anduvo la Luna a tientas por el espacio hasta que los astros se reunieron para pedirle al dios resplandeciente que la perdonara. "Apiádate de la pobre ciega- le dijeron-. Mira, ¡Oh Poderoso!... Cómo se deslíe en lágrimas níveas de amargura. Ya ha purgado suficientemente su travesura".

El sol oyó la súplica de sus hijos y perdonó a la irrespetuosa, a condición de que fuera siempre buena y formal. La Luna prometió todo y el Gran Astro, arrepentido de su dureza recogió, una a una, las albas lágrimas de la álida viajera de la noche, las vistió de luz y las lanzó al espacio.




Así dicen que el trigo vino al mundo: blanco por dentro, dorado por fuera y hecho de lágrimas. Por eso se recoge a rigor de penas. La Luna, consecuente con su promesa de ser buena después de aparecérsenos redonda y blanca en la inmensidad del firmamento, llora todas las noches un poquito, se va deshaciendo en lágrimas poco a poco, para que a nosotros nunca nos falte el pan.


Carlos Carlino




Extraída de Internet

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