Una buena pensé para mis adentros, Y así comenzó mi día!!!
Voy al estacionamiento del edificio y alumbrándome con el celu, llego a mi auto, me subo, lo pongo en marcha y enfilo hacia la reja, (LA REJA), estaba baja y el sistema, (eléctrico),
no funcionaba.
Respiré muy hondo y retrocedí despacito, soy muy malo conduciendo en reversa, hasta que logré ocupar mi lugar de nuevo. Entonces miré mi reloj y veo que ya tendría que estar trabajando. Salí corriendo, paré el octavo o noveno taxi, (fue el único que me vio), y le di la dirección rogándole que apurara la marcha porque el jefe me iba a matar, etc. etc. etc.
Ni cinco de bolilla me dio, me daba la sensación de que viajaba en un “mateo”, aquellos hermosos carruajes para paseo que había en Palermo. Al fin, una hora y cuarenta y cinco minutos después llegamos a destino. Pagué, y entré corriendo pensando en la sanata que me iba e endilgar el “supremo” mandamás.
Buen día le dije a Pancho, el querido y aguantador empleado de limpieza, que levantó su mirada, cabeceó por saludo y volvió a ocuparse de lo suyo.
Subí la escalera y… no había nadie. Deben estar reunidos con el nuevo proyecto pensé, y me fui a la sala de reuniones. Abrí la puerta preparado para escuchar los gritos por mi llegada a deshora, y…nadie.
Bajé despacio rumiando, que habrá pasado, llegué al hall y con un hilo de voz le pregunté a Pancho, ¿Dónde están todos?
Me miró con lástima o desprecio, que se yo, y me respondió, supongo que en sus casas durmiendo, o en misa, que se yo.
Lo que hace la gente “NORMAL”, recalcó esto último, los días domingo.
DOMINGO!!!ERA DOMINGOOOOOOO!!!
Balbucié un gracias, hasta mañana y me fui.
La lluvia torrencial en ese momento, me esperaba afuera. Pegado a la pared, por debajo de los toldos caminé sin mojarme hasta la esquina para esperar allí el milagro de conseguir un taxi, mascullando contra el calendario, el despertador, el gas, la electricidad, la vida, la lluvia y mi negra suerte. Pero, pensando en positivo, recordé, que por ser domingo podía descansar y dormir una larga siesta. Me colgué una sonrisa y silbando me dispuse a esperar de mejor humor a mi transporte.
Veo un cartelito de LIBRE, y me arrimo al cordón haciéndole señas como el penado 14, para que me viera.
Y no se de dónde salió, pero pasó pegado al cordón a 100 km por hora, un auto, que impulsó una catarata de agua que me cubrió de la cabeza a los pies.
Detrás, el taxi siguió de largo, seguro que el conductor quiso preservar sus asientos secos.
Luego, tratando de escurrir el líquido elemento de mi, veo que para de llover, las nubes se van de paseo y asoma el sol.
Y como dicen los que saben, estoy feliz, porque a pesar de todo:
¡¡¡ESTOY VIVO!!!
¡Muchas gracias, a todos los que me acompañan desde hace 16 años,
y a los que se suman día a día, dándole sentido a este blog!
Mario César Marini
"Dios los bendiga"




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