domingo, 8 de marzo de 2026

"Un día de mi vida" autor: Mario C. Marini

Son las seis de la mañana y la alarma de mi celular taladra mis oídos haciéndome pegar un salto en la cama y despertarme con un fuerte sentimiento de odio hacia la tecnología. La resaca de una cena demasiado acompañada de alcohol y tabaco, me parte la cabeza como si dentro de ella hubiesen quedado vidrios de cada una de las botellas ingeridas en esa noche de descontrolada depresión que me sigue castigando también el estómago o lo que de el quede. Busco con desesperación algún digestivo que me alivie y luego de tomarme dos, por las dudas, me encamino hacia el baño buscando la cálida caricia de una buena ducha que permita a mi cerebro ubicarme en tiempo y espacio. Abro el grifo y ¡Oh sorpresa! no hay agua. Busco el teléfono y llamo al multifacético y solucionador de todos los problemas “Cacho”, el portero del edificio, de quien dicen que debe haber sido ingeniero en vidas anteriores por todo lo que sabe, y le explico un poco de mi drama. Me interrumpe la catarata de quejas y sufrimientos y con su voz de bajo arruinada por el pucho, me recuerda que, “te avisé hermanito antiayer, que cortaban todos los servicios a partir de las doce de la noche porque detectaron una anomalía en el gas y gente que hace mal uso del cable y el teléfono, que me sorprende que todavía no lo hayan corta...¡Hola! ¡Hola Cacho!!! Bajo las escaleras, desde el piso 9no donde vivo, y al llegar a planta baja tuve que sentarme en el hall unos instantes hasta que dejé de bufar y recuperé mi respiración “normal”. Diez minutos después intenté abrir la puerta de calle y ¡NO!, me había olvidado las llaves en el departamento. De nuevo el calvario pero con un sufrimiento mayor, esta vez subía, sentí que la distancia entre los escalones era como de un metro. Veinte minutos más tarde llego a la puerta de mi vivienda y veo con alivio que las llaves estaban en la cerradura. 

Una buena pensé para mis adentros, Y así comenzó mi día!!! Voy al estacionamiento del edificio y alumbrándome con el celu, llego a mi auto, me subo, lo pongo en marcha y enfilo hacia la reja, (LA REJA), estaba baja y el sistema, (eléctrico), no funcionaba. Respiré muy hondo y retrocedí despacito, soy muy malo conduciendo en reversa, hasta que logré ocupar mi lugar de nuevo. Entonces miré mi reloj y veo que ya tendría que estar trabajando. Salí corriendo, paré el octavo o noveno taxi, (fue el único que me vio), y le di la dirección rogándole que apurara la marcha porque el jefe me iba a matar, etc. etc. etc. Ni cinco de bolilla me dio, me daba la sensación de que viajaba en un “mateo”, aquellos hermosos carruajes para paseo que había en Palermo. Al fin, una hora y cuarenta y cinco minutos después llegamos a destino. Pagué, y entré corriendo pensando en la sanata que me iba e endilgar el “supremo” mandamás. Buen día le dije a Pancho, el querido y aguantador empleado de limpieza, que levantó su mirada, cabeceó por saludo y volvió a ocuparse de lo suyo. 

Subí la escalera y… no había nadie. Deben estar reunidos con el nuevo proyecto pensé, y me fui a la sala de reuniones. Abrí la puerta preparado para escuchar los gritos por mi llegada a deshora, y…nadie. Bajé despacio rumiando, que habrá pasado, llegué al hall y con un hilo de voz le pregunté a Pancho, ¿Dónde están todos? Me miró con lástima o desprecio, que se yo, y me respondió, supongo que en sus casas durmiendo, o en misa, que se yo. Lo que hace la gente “NORMAL”, recalcó esto último, los días domingo. 

DOMINGO!!!ERA DOMINGOOOOOOO!!! 

 Balbucié un gracias, hasta mañana y me fui. La lluvia torrencial en ese momento, me esperaba afuera. Pegado a la pared, por debajo de los toldos caminé sin mojarme hasta la esquina para esperar allí el milagro de conseguir un taxi, mascullando contra el calendario, el despertador, el gas, la electricidad, la vida, la lluvia y mi negra suerte. Pero, pensando en positivo, recordé, que por ser domingo podía descansar y dormir una larga siesta. Me colgué una sonrisa y silbando me dispuse a esperar de mejor humor a mi transporte. Veo un cartelito de LIBRE, y me arrimo al cordón haciéndole señas como el penado 14, para que me viera. Y no se de dónde salió, pero pasó pegado al cordón a 100 km por hora, un auto, que impulsó una catarata de agua que me cubrió de la cabeza a los pies. 

Detrás, el taxi siguió de largo, seguro que el conductor quiso preservar sus asientos secos. 

Luego, tratando de escurrir el líquido elemento de mi, veo que para de llover, las nubes se van de paseo y asoma el sol. Y como dicen los que saben, estoy feliz, porque a pesar de todo: 

¡¡¡ESTOY VIVO!!!

¡Muchas gracias, a todos los que me acompañan desde hace 16 años,
y a los que se suman día a día, dándole sentido a este blog!

Mario César Marini

"Dios los bendiga"


No hay comentarios:

Publicar un comentario