viernes, 27 de marzo de 2026

“Donde aún late la esperanza”

Hay lugares donde el ruido del mundo no llega con tanta fuerza. 



No están en los mapas, ni en las noticias, ni en las discusiones diarias. 
Están en los gestos simples. En la mano que se tiende sin preguntar. 



En el plato compartido cuando falta. En el abrazo que sostiene sin prometer nada, pero lo dice todo. 
Vivimos tiempos en los que parece que la prisa nos ganó la carrera. 
Corremos, discutimos, señalamos… y a veces olvidamos lo esencial: que nadie se salva solo. 
Los niños necesitan cuidado, pero también ejemplo. 


Los ancianos no piden lástima, sino respeto y escucha. 
Las mujeres merecen vivir sin miedo, con dignidad y oportunidades. 
Y los pueblos… los pueblos necesitan volver a creer. 



Creer que la paz no es una utopía. 
Que el trabajo dignifica. 
Que la familia, en cualquiera de sus formas, sigue siendo refugio. 
Que el amor —aunque golpeado— sigue siendo el idioma más fuerte. 
Quizás no podamos cambiar el mundo entero, pero sí podemos encender pequeñas luces. 
Una palabra amable. 
Una canción compartida. 
Un gesto que rompa la indiferencia. 



Porque donde alguien decide hacer el bien, aunque sea en silencio, ahí… empieza todo de nuevo. 
Y mientras haya alguien dispuesto a amar, a cuidar, a acompañar, la esperanza no será recuerdo: será camino. 

¡Cunamoryvos!
Por el amor y la esperanza.

¡Muchas Gracias!
"Dios los bendiga"

domingo, 8 de marzo de 2026

"Un día de mi vida" autor: Mario C. Marini

Son las seis de la mañana y la alarma de mi celular taladra mis oídos haciéndome pegar un salto en la cama y despertarme con un fuerte sentimiento de odio hacia la tecnología. La resaca de una cena demasiado acompañada de alcohol y tabaco, me parte la cabeza como si dentro de ella hubiesen quedado vidrios de cada una de las botellas ingeridas en esa noche de descontrolada depresión que me sigue castigando también el estómago o lo que de el quede. Busco con desesperación algún digestivo que me alivie y luego de tomarme dos, por las dudas, me encamino hacia el baño buscando la cálida caricia de una buena ducha que permita a mi cerebro ubicarme en tiempo y espacio. Abro el grifo y ¡Oh sorpresa! no hay agua. Busco el teléfono y llamo al multifacético y solucionador de todos los problemas “Cacho”, el portero del edificio, de quien dicen que debe haber sido ingeniero en vidas anteriores por todo lo que sabe, y le explico un poco de mi drama. Me interrumpe la catarata de quejas y sufrimientos y con su voz de bajo arruinada por el pucho, me recuerda que, “te avisé hermanito antiayer, que cortaban todos los servicios a partir de las doce de la noche porque detectaron una anomalía en el gas y gente que hace mal uso del cable y el teléfono, que me sorprende que todavía no lo hayan corta...¡Hola! ¡Hola Cacho!!! Bajo las escaleras, desde el piso 9no donde vivo, y al llegar a planta baja tuve que sentarme en el hall unos instantes hasta que dejé de bufar y recuperé mi respiración “normal”. Diez minutos después intenté abrir la puerta de calle y ¡NO!, me había olvidado las llaves en el departamento. De nuevo el calvario pero con un sufrimiento mayor, esta vez subía, sentí que la distancia entre los escalones era como de un metro. Veinte minutos más tarde llego a la puerta de mi vivienda y veo con alivio que las llaves estaban en la cerradura. 

Una buena pensé para mis adentros, Y así comenzó mi día!!! Voy al estacionamiento del edificio y alumbrándome con el celu, llego a mi auto, me subo, lo pongo en marcha y enfilo hacia la reja, (LA REJA), estaba baja y el sistema, (eléctrico), no funcionaba. Respiré muy hondo y retrocedí despacito, soy muy malo conduciendo en reversa, hasta que logré ocupar mi lugar de nuevo. Entonces miré mi reloj y veo que ya tendría que estar trabajando. Salí corriendo, paré el octavo o noveno taxi, (fue el único que me vio), y le di la dirección rogándole que apurara la marcha porque el jefe me iba a matar, etc. etc. etc. Ni cinco de bolilla me dio, me daba la sensación de que viajaba en un “mateo”, aquellos hermosos carruajes para paseo que había en Palermo. Al fin, una hora y cuarenta y cinco minutos después llegamos a destino. Pagué, y entré corriendo pensando en la sanata que me iba e endilgar el “supremo” mandamás. Buen día le dije a Pancho, el querido y aguantador empleado de limpieza, que levantó su mirada, cabeceó por saludo y volvió a ocuparse de lo suyo. 

Subí la escalera y… no había nadie. Deben estar reunidos con el nuevo proyecto pensé, y me fui a la sala de reuniones. Abrí la puerta preparado para escuchar los gritos por mi llegada a deshora, y…nadie. Bajé despacio rumiando, que habrá pasado, llegué al hall y con un hilo de voz le pregunté a Pancho, ¿Dónde están todos? Me miró con lástima o desprecio, que se yo, y me respondió, supongo que en sus casas durmiendo, o en misa, que se yo. Lo que hace la gente “NORMAL”, recalcó esto último, los días domingo. 

DOMINGO!!!ERA DOMINGOOOOOOO!!! 

 Balbucié un gracias, hasta mañana y me fui. La lluvia torrencial en ese momento, me esperaba afuera. Pegado a la pared, por debajo de los toldos caminé sin mojarme hasta la esquina para esperar allí el milagro de conseguir un taxi, mascullando contra el calendario, el despertador, el gas, la electricidad, la vida, la lluvia y mi negra suerte. Pero, pensando en positivo, recordé, que por ser domingo podía descansar y dormir una larga siesta. Me colgué una sonrisa y silbando me dispuse a esperar de mejor humor a mi transporte. Veo un cartelito de LIBRE, y me arrimo al cordón haciéndole señas como el penado 14, para que me viera. Y no se de dónde salió, pero pasó pegado al cordón a 100 km por hora, un auto, que impulsó una catarata de agua que me cubrió de la cabeza a los pies. 

Detrás, el taxi siguió de largo, seguro que el conductor quiso preservar sus asientos secos. 

Luego, tratando de escurrir el líquido elemento de mi, veo que para de llover, las nubes se van de paseo y asoma el sol. Y como dicen los que saben, estoy feliz, porque a pesar de todo: 

¡¡¡ESTOY VIVO!!!

¡Muchas gracias, a todos los que me acompañan desde hace 16 años,
y a los que se suman día a día, dándole sentido a este blog!

Mario César Marini

"Dios los bendiga"


domingo, 15 de febrero de 2026

"A favor de la vida"

 


En un mundo donde el ruido de las armas muchas veces intenta imponerse sobre el canto de los pájaros, es necesario levantar la voz —no con odio, sino con conciencia— en favor de quienes más necesitan cuidado: los niños, los ancianos, las mujeres y los pueblos que solo desean vivir en paz.
Los niños no deberían aprender el sonido de las bombas antes que el abecedario. No deberían conocer el miedo antes que los juegos, ni el hambre antes que el pan compartido en familia. Cada niño tiene derecho a una infancia digna, a la educación, a la salud, a la ternura. En cada mirada infantil vive el futuro del mundo. Cuando un niño sufre por la guerra o la pobreza, la humanidad entera fracasa.
Los ancianos, que han entregado su vida al trabajo, a la crianza, al esfuerzo silencioso de sostener generaciones, merecen respeto y cuidado. Son memoria viva, experiencia, consejo. En ellos habita la historia de los pueblos. Abandonarlos o exponerlos al dolor de la violencia es desconocer nuestras propias raíces.

Las mujeres, pilares de tantas familias, constructoras de vida, educadoras, trabajadoras incansables, no deben ser víctimas del desprecio, la desigualdad ni la violencia. Una sociedad que respeta a la mujer se respeta a sí misma. Allí donde la mujer es valorada, florece la comunidad.
Y los pueblos… los pueblos no quieren guerras. Quieren sembrar, trabajar, estudiar, cantar, reunirse en sus plazas, celebrar sus tradiciones. La gente común no anhela conquistar territorios; anhela estabilidad, dignidad y futuro para sus hijos. La guerra casi nunca nace del corazón del pueblo; nace del orgullo, la ambición o el fanatismo de unos pocos.
El hambre, en un mundo capaz de producir alimentos para todos, es una herida moral. No es solo falta de comida: es falta de justicia. Cada plato vacío es una pregunta que la humanidad debe responder con responsabilidad y solidaridad.
Defender la vida no es una postura ingenua; es un acto de valentía. Es elegir el diálogo sobre la violencia, la cooperación sobre el enfrentamiento, el respeto sobre el desprecio. Es recordar que cada ser humano —sin importar su bandera, su idioma o su religión— tiene el mismo derecho a despertar sin miedo.
Que vuelvan el respeto y la paz no depende únicamente de los gobiernos; depende también de nuestras acciones cotidianas: educar en valores, tender la mano, escuchar antes de juzgar, enseñar a nuestros hijos que la diferencia no es amenaza sino riqueza.
Que el mundo vuelva a ser un lugar donde los niños jueguen, los ancianos descansen con dignidad, las mujeres caminen seguras y los pueblos trabajen y estudien en libertad. Que la vida sea defendida no con armas, sino con humanidad.
Porque vivir en paz no es un privilegio. Es un derecho.


Unamos nuestros esfuerzos y oraciones, para que mueran en el mundo el odio y el rencor, y solo florezca el amor.

Muchas gracias.
¡Dios los bendiga!

Mario C. Marini

“Donde aún late la esperanza”

Hay lugares donde el ruido del mundo no llega con tanta fuerza.  No están en los mapas, ni en las noticias, ni en las discusiones diarias.  ...