miércoles, 30 de mayo de 2012

La Ópera por Silvia Spinelli: Hoy "Aurora"





Con un click escuchá Aurora por Darío Volonté
Aurora es al mismo tiempo una ópera italiana y una ópera argentina.
Es italiana porque pertenece plenamente a la estética Verista y porque fue compuesta con música italiana sobre texto italiano. Pero también es una ópera argentina porque hecha por un argentino sobre un tema local, se estrenó en la inauguración del Teatro Colón de Buenos Aires.
En su análisis se encuentran rastros de óperas de repertorio, como el personaje de Mariano, parecería ser un calco de Andrea Chènier, en especial su improviso del primer acto.
Con Puccini en la ambientación de Aurora y Chiquita o en frases del dúo de amor de la Boheme con la doble invocación del tenor sobre el cuerpo de Aurora, como Rodolfo lo hace sobre Mimí en el último acto.
El papel masculino de Tenor (Mariano) está plagado de dificultades de fraseo y Sí bemol agudo, dignos de un Cavaradossi (Tosca) ó un Calaf (Turandot). Para interpretarlo bien los dos barítonos tienen partes relativamente breves pero deben demostrar eficacia en la declamación heroica y la extensión vocal. No por nada Titta Ruffo fue intérprete inicial de Don Ignacio del Puente.
El personaje de Aurora es más lírico y reposado, tiene todos escollos del repertorio verista. El autor, Héctor Panizza, exige que todos los personajes tengan buena voz a pesar de ser pequeños .
El coro es un personaje vibrante, enardecido, y la orquesta es una adecuada contraparte instrumental tal como lo explica la ópera verista.
Es una ópera argentina pero no puede dejar de ser europea porque toda la cultura argentina se ufanaba de ser europea.
La canción de la bandera se convirtió en la quintaesencia del sentir nacional cada vez que es entonada. Esto convierte a Aurora en un notable patrimonio de los argentinos.
El gobierno argentino la encarga en 1906 y se estrena en el Colón con la dirección de su autor, Héctor Panizza.
Las primeras representaciones tuvieron como escenógrafo a Pío Collivadino, excelente pintor de quien algunos de sus cuadros están en el Museo de Bellas Artes.
Esta ópera fue cantada por voces como la de Titta Ruffo. En ese teatro se representó ocho veces , siempre con primeras voces.
Recién en 1945 se interpreta por primera vez en castellano. En esta oportunidad Aurora fue cantada por Delia Riegal, quien es la primera soprano argentina, además reconocida internacionalmente, radicada actualmente en los Estados Unidos de América.

Argumento

Acto I
Lugar: biblioteca de la Compañía de Jesús, en Córdoba, que comunica con la capilla de la Virgen de los Dolores y con la sacristía.
El novicio Raimundo junto con tres estudiantes y un profesor, están clasificando libros, tarea que se convirtió en juego.
Entra Bonifacio , un hermano lego que trae un canasto de flores para la Virgen. Se acerca a Mariano por quien siente respeto y afecto. Cuando éste se retira busca en el cesto el mensaje que habla de patria libre, además dice que se abran las puertas del convento y se entreguen las armas que Liniers escondió y lo impulsa a realizar una fortaleza si fuera necesario. Los jóvenes vacilan entre el deber patriótico y el espiritual. Pero reacciona Mariano: pide que busquen a Bonifacio. Éste jura frente al altar seguir a Mariano.
De pronto, desde la iglesia llega una voz femenina. Su dulzura atrae a Mariano y se une a los ruegos de la Virgen. En la plaza hay redobles de tambores y gritos que luego irrumpen en la iglesia. En la biblioteca se reúnen los estudiantes que tienen mucha curiosidad. En el templo, Don Ignacio del Puente, Teniente Gobernador del ejército de Córdoba, ha convocado al pueblo a Asamblea. El Obispo Orellana invoca a Dios . Don Ignacio dice que la rebelión será ahogada en sangre y pide al pueblo que le siga en nombre de Dios y del Rey. Le contestan con un estruendoso “Viva la Patria”. Otros gritan “Viva el Rey”. Se abre la puerta, entra Levin, intermediario de las Fuerzas de Cisneros y el Comando realista de Córdoba. Sostenida por su padre entra Aurora acompañada por Chiquita, su criada.
Mariano al enterarse que Aurora es la hija de Don Ignacio queda consternado. Todos se van retirando. Don Ignacio exige que el templo se convierta en fortaleza. La escena queda sola y una campana toca melancólicamente el Angelus.
A lo lejos se ve una sombra. Es Mariano que regresa agitado por los acontecimientos para los que se preparó con tanto entusiasmo y fervor.
Pero se siente perplejo, casi arrepentido. Amor, Dios, Patria.
Raimundo le trae las llaves del convento y le anuncian que se han apoderado de las armas y municiones ocultas por los soldados realistas.
Mariano abre la puerta de la biblioteca al pueblo que entra en silencio. El patriota Lucas pide las armas y las distribuye al grito de Patria o muerte.
Raimundo regresa con los ojos llenos de lágrimas. Bonifacio fue descubierto y condenado a muerte.
Se oye un redoble de tambores y poco después una ráfaga de fusiles .
Lucas saluda “Humilde héroe, te vengaremos”. “Por nuestra Patria toda nuestra sangre”.

Acto II

En la casa de Don Ignacio del Puente, Aurora lee pero está inquieta. Chiquita charla alegremente. Ambas ajenas a los hechos. Se oye un murmullo desde el camino que conduce a la ciudad. Unas amigas de Aurora que vienen a visitarla. Las niñas comienzan a indagar lo sucedido. Poco después llegan sus madres preocupadas por lo que pudiera ocurrirles. Se anuncia que los patriotas piden una audiencia al Teniente General. Madre e hijas se alejan seguidas por Aurora y Chiquita. Don Ignacio llega con los oficiales de su Estado Mayor. Aquel no oculta su enojo, su gran despecho a esa delegación que el pueblo le obliga a recibir.
Precedidos por un oficial llegan Mariano, Lucas, Raimundo, burgueses y estudiantes. Las ropas de Mariano están manchadas de sangre.
Lucas pide una tregua para que cese la lucha inútil. Su tono y el ardor de sus palabras indignan a Don Ignacio. Interviene Mariano y sus palabras calman al Teniente Gobernador. Aurora reconoce su voz. Don Ignacio acepta la tregua que aprovechará para enviar mensajes a Liniers.
Aurora ignora los verdaderos motivos de la tregua y agradece a su padre el haberlo concedido.
Don Ignacio responde que ha sido pensado en ella, por lo que señaló la hora de su Aurora.
La joven al quedar sola la domina una intensa emoción. El rostro pálido y conmovido, la voz, las palabras, el acento de Mariano, le turbaron el corazón.
Chiquita vuelve con Mariano y los deja solos. Ambos jóvenes descubren sus corazones. Mariano se siente atormentado por los remordimientos. En las lágrimas de Aurora reconoce otra víctima de su sacrilegio.
Para abrir al pueblo las puertas del Convento renegó del voto sagrado que hiciera de la Virgen de los Dolores y sus flores las usó para pasar mensajes secretos.
El altar de la Virgen fue una trampa mortal para Bonifacio, quien por su culpa halló la muerte.
Mariano no está arrepentido, lo hizo todo por la Patria. Con su confesión cree haber ofendido a Aurora y se arrodilla compungido. La joven lo perdona y éste se aleja compungido, quedando ella sumida en los más tristes pensamientos, y sola.

Intermedio Épico

Exaltan a la Patria que nace y a los héroes que lo sacrifican todo por ella. Los compañeros saludan a Mariano que parte por encargo de Güemes.
“Morir por la Patria es heroísmo” Mariano entona la canción de la bandera. A su voz se unen jubilosos sus amigos y compañeros de armas.

Acto III

La casa de campo de Don Ignacio se convirtió en su comando general de tropas.
Llega Lavín, que ha huido de las prisiones de Córdoba con una carta para Don Ignacio, donde le anuncian que Liniers fue fusilado en Cabeza de Tigre y que su ejército está rodeado de espías desertores.
Aurora y Chiquita parecen cambiadas por los acontecimientos.
Don Ignacio inquieto, le comenta que ha decidido enviarla al Convento.
De pronto se oyen gritos de alarma y ruidos de armas.
Mariano ha sido sorprendido en los alrededores y es traído ante Don Ignacio.
Aurora lo reconoce y da un grito de dolor. Su padre comprende pero finge no darse cuenta.
Mariano al ser interrogado dice que viene de La Pampa.
Lavín reconoce al prisionero y se lo comunica al Teniente Gobernador, y éste reclama un Consejo de Guerra.
Al quedarse solos Aurora y Don Ignacio, éste exige con violencia el nombre del prisionero, pero lo único que obtiene son lágrimas y sollozos.
En el Consejo de Guerra Lavín reconoce al ex novicio jesuita que tomó parte de la rebelión.
Don Ignacio le ofrece la vida si revela el secreto pero Mariano se niega, los desafía.
Impresionado por su valentía, Don Ignacio exige la sentencia. El prisionero debe ser fusilado a la “aurora”.
Poco después llega Aurora. Sólo ella podía salvarlo se consigue hacerlo hablar. Aurora sabe que no, éste no aceptaría la vida que le ofrece su padre. Pero no morirá, sólo Chiquita ha preparado un plan para facilitarles la huida a ambos jóvenes. Pero los centinelas los sorprenden, disparan y hieren mortalmente a Aurora. Mariano lanza un grito desesperado y ve caer a su amada. El patio se llena de soldados. Llega Don Ignacio y reconoce a su hija como si él estuviera herido de muerte. Aurora, moribunda, implora el perdón de su padre y le pide que deje en libertad a Mariano.
Es la aurora. Dios la enrojece con el sol en el cielo y con su sangre en la tierra.



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