martes, 26 de diciembre de 2017

Adios Dr. Marcelo Oliveri y gracias.


Querido Marcelo:
                           esta mañana fui a visitarte al Sanatorio porque es el Día del Médico y pensé que celebrarlo junto a vos era lo mejor que podía hacer.
No sólo quise visitarte sino que fui a contarte que gracias a los anteojos que me recetaste estoy aprendiendo a tocar el violín mejor que antes.
Además tuve ganas de darte las gracias por todos los pacientes que fui mandándote y que por vos hoy han superado sus molestias oftalmológicas y te recuerdan con gratitud y con mucho afecto.
Te miro y sonrío cuando en las Guardias del Hospital Rural de San Vicente compartimos tantas vivencias. Vos aun eras practicante cuando yo era la pediatra de la guardia de los viernes. No sé si vas a perdonarme por ese día en que fuiste a hacer un traslado al hospital Sor María Ludovica de la Plata, con un neonato, porque no teníamos Servicio de Neonatología. Tuviste que viajar en helicóptero desde el helipuerto de nuestro querido hospital, porque era una emergencia. Siempre me lo recordaste tal vez porque tu sentido de responsabilidad te hacía saber que la vida de ese recién nacido dependía en parte de tu compañía.
Recuerdo que en el hospital no teníamos calefacción (era la década del 80), sólo había garrafas con una pantalla que daba algo de calor pero los pasillos se hacían interminables y nosotros sentíamos que el frío nos taladraba los huesos. Me dijiste que no tenías pulóver de lana y me ofrecí a tejerte uno, de color azul, especial para usarlo en la Guardia. Por supuesto que al enterarse tus compañeros se enojaron y me aclararon que vos podías comprarte uno porque tu familia lo haría, pero a ellos no, porque eran casi todos del interior de la provincia de Buenos Aires y "vivían con lo justo" para llegar a fin de mes. A pesar de toda la vergüenza que sentí, lo tejí. No sé si lo recuerdo tanto porque las mangas eran interminables por el tamaño de tus brazos, pero me llené de alegría cuando te lo vi puesto junto al ambo blanco que lucía muy bien.

Pasaron los años y disfruté del Premio que fuiste a recibir a los Estados Unidos...

Simposio internacional de oftalmología

Premian a médicos municipales


Un grupo de médicos oftalmólogos del Hospital Lagleyze ganó el primer premio del Film Festival en el marco del Simposio Internacional de la Asociación Americana de Cirugía de Catarata y Refractiva (ASCRS). En esta competencia intervienen videos inéditos producidos por oftalmólogos de todo el mundo. Este importante evento se realiza anualmente en Estados Unidos  y este año se llevó a cabo entre el 3 y el 8 de abril en San Francisco, California.
El video galardonado fue realizado por los doctores Lucas Donato, Marcelo Oliveri y Gustavo Galperin. El nombre del video ganador es I did it my way  (a mi manera), y describe una  técnica innovadora en la resolución de casos complicados en la cirugía de catarata.


Me sentí plena de orgullo, de ese orgullo sano cuando uno ve crecer a quienes aprecia y sabe de su capacidad.
Durante un largo tiempo dejamos de vernos porque cada uno siguió su camino hospitalario hasta que un día, asististe a quien había sido mi enfermera en la Casa Cuna (Hospital General de Niños Pedro de Elizalde). Ella te confesó que era muy miedosa y que la disculparas porque siendo enfermera  sentía vergüenza por ello. Vos con la mejor sonrisa, como siempre, le preguntaste si me conocía. Desde ese momento por una cartita que me mandaste con ella volvimos a encontrarnos. Bendito sea Dios que permite los encuentros. Desde allí no dejé de hacerte consultas que resolviste satisfactoriamente, para alegría y bienestar de los  pacientes.
Supe que estabas cursando una enfermedad pero nunca imaginé que era tan severa, porque seguías atendiendo las consultas, como que para tu criterio primero el paciente y luego vos.
Al Juramento Hipocrático lo cumpliste del principio al fin, sin olvidarte ninguna de sus palabras. Tus compañeros del hospital Lagleyze te eligieron este año como el “Médico del Año”. Cuando tu esposa quiso colocar el Diploma detrás de tu cama para que, como bien dice ella los médicos más  jóvenes que te asisten sepan a quien están atendiendo vos no lo permitiste. Una vez más tu característica: la humildad de los grandes.
Tus jóvenes 57 años se multiplicaron infinitamente porque hiciste tanto que no dejaste minuto libre para parar. Siempre digo que sos una “lauchita movediza” que no se queda quieta nunca y gracias a ese movimiento permanente y continuo hay una multitud de personas que estarán siempre agradecidas, recordándote.
Formaste una hermosa familia: Gabriela tu esposa, mujer única por su dulzura y fortaleza, compañera ideal para vos porque son el uno para el otro. Tus cuatro hijos, un ejemplo que no tengo dudas caminarán por la huella que les dejaste.
Marcelo querido, te nos adelantaste en el camino de la partida a la Eternidad.
Quienes quisieron recordarte en la despedida nombraron tus virtudes: solidario, buen compañero, incondicional  amigo, con la humildad y la generosidad de los grandes, excelente médico y maestro.
No dudo que volveremos a encontrarnos. Sabés cúanto te quiero.


Como paciente del Dr. Marcelo Oliveri, tuve el honor de conocer a este maravilloso ser humano y extraordinario profesional. Me operó de cataratas
solucionándome un problema muy importante para mi.
De un trato cálido y humano, se ocupó de facilitarme el acceso a la Clínica donde me operaron y siempre dispuesto a evacuar las dudas que pudiera tener. Somos muchísimas las personas que hemos perdido con su pronta partida, a una persona digna, honesta y con una vocación de servicio y profesionalidad muy pocas veces visto.
Seguramente estará con Dios, en ese lugar tan especial al que solo acceden los seres elegidos. Qué Él lo bendiga junto a su familia y amigos.
Y simplemente Gracias!!!
                                      



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